viernes, 26 de diciembre de 2014

HABILIDADES DE NIÑOS PARA CRECER COMO ENTRENADORES



Seguro que en algún momento de nuestras vidas, hemos pensado…”¡Ojalá volviera a ser un niño!” ¿Qué puede pasar para que queramos volver a ser como un niño? ¿Acaso no podemos seguir teniendo muchas de las cosas buenas que supone ser de nuevo pequeños? ¿Se nos han olvidado al no practicarlas? Lo que es seguro es que siempre tenemos guardado un niño dentro de nosotros y que cuando sale a la luz nuestras sensaciones son siempre buenas: alegría, diversión, felicidad, curiosidad, disfrute… Hacemos cosas que si nos paráramos a pensar, no nos atreveríamos a hacer. Y precisamente ese muro que nos ponemos es el que nos impide poder utilizar, en nuestro beneficio, todas esas cualidades que provocarían un crecimiento personal y profesional increíble.

Y en nuestro entorno deportivo, ¿cómo influye esa pérdida de habilidades infantiles? ¿Nos influiría positivamente, como entrenadores, apoyar las acciones “correctas” de los adultos con las habilidades que tienen los niños? Imaginaros: ganas de aprender constantemente, el incansable entusiasmo al realizar cualquier actividad, celebrar los objetivos conseguidos, imaginar soluciones inverosímiles... Quitémonos todos esos filtros adultos y aprovechemos las habilidades que nunca debimos dejar olvidadas en nuestro interior.

A continuación vamos a ver algunas de esas habilidades que nos pueden ayudar a crecer como entrenadores.

1. La pasión: Los niños hacen todo con pasión. Ya sea jugar en el recreo, ver los dibujos animados, hacer una construcción de piezas, salir de excursión… Nosotros no debemos perder esa pasión por lo que hacemos. La pasión es el elemento que nos va a permitir dirigir todas nuestras energías hacia la meta que nos propongamos. Lo que nos va a otorgar la posibilidad de superar las dificultades porque siempre vamos a ver una salida. Luego las cosas pueden salir bien o mal, pero haciéndolo con pasión, lo más probable es que tengamos éxito.

http://seryhumano.com/web/wp-content/uploads/2012/11/ni%C3%B1os-y-deportes-13.jpg2. La gestión del error: Uno de los mayores métodos de aprendizaje que los niños usan es el ensayo-error. Prueban hacer algo y si fallan, lo intentan de otra forma; y así hasta que lo consiguen. No desesperan y son persistentes.
Todos los entrenadores nos equivocamos, irremediablemente. Y es por eso que aprendemos. El error es un hecho de nuestro día a día, por lo que no debemos darle importancia. Si es importante lo que hagamos con ese hecho, es decir, como tratemos ese error. Si lo gestionamos mal, aparecerá el fracaso…”no la hago bien”, “no soy capaz de hacerlo”, “soy lo peor”, “mi equipo no vale para ganar”. Si lo gestionamos bien, buscaremos otro método (como hacen los niños) hasta conseguir lo que nos hayamos propuesto y aprenderemos.

 3. La capacidad para aprender: Los niños aprenden a gran velocidad. En los tres primeros años de vida el niño aprende a andar, hablar, piensa de forma autónoma, etc. La experimentación intuitiva les permite descubrir las causas y los efectos que hay detrás de lo que sucede a su alrededor, mejor que cualquier otro método. Nuestro desempeño al frente de equipos y jugadores, nos obliga a estar aprendiendo de forma continuada. De cualquier otra forma nos estancaríamos y con nosotros todo lo que tenemos a nuestro alrededor. Tenemos que actualizar nuestros conocimientos escuchando a los mejores, aprendiendo de nuestros compañeros, incluso de nuestros jugadores. Y ante todo, debemos aprender como cuando éramos niños: experimentando y practicando todo lo que podamos. Pero no solo debemos actualizarnos con nuevos conocimientos. El mundo que nos rodea se mueve a gran velocidad y tenemos que aprender rápido. El saber adaptarse de forma rápida es lo que algunos autores llaman “talento”.

https://torneopassion.files.wordpress.com/2011/04/hisae-ikenaga.jpg4. La creatividad: Además de sujetar papeles, ¿qué otros usos podrías darle a un clip? Un niño es capaz de pensar en unos doscientos, mientras que en la edad adulta esta cifra se reduce a unos 15 o 20 en el mejor de los casos. Son los resultados de un estudio realizado por el británico Ken Robinson. Todos hemos visto a niños jugar con una caja de zapatos, imaginarse personajes fantásticos o darle uso a una simple bolsa de plástico. Utilizan su “área creativa” del cerebro al cien por cien.  La creatividad es un bien muy preciado en el deporte y podemos relacionarla con la flexibilidad, originalidad y fluidez del pensamiento ante situaciones inesperadas y que nos dan unas respuestas diferentes a las de los demás. Como entrenadores, no debemos coartar el fomento de nuestra creatividad por miedos como el fracaso o el qué dirán. Es muy aconsejable probar cosas nuevas y tener una mentalidad abierta. Experimentar lo “poco habitual” nos permitirá tener experiencias diferentes que, junto con el tiempo, nos hará sacar ante situaciones complicadas nuestra creatividad, a la hora de buscar una solución. Dicen que un adulto creativo es un niño que ha sobrevivido.

5. El miedo a asumir riesgos: Los niños muy pocas veces dicen que no a algo que se les propone. Lo quieren probar todo, quieren probarse a ellos mismos, siempre están dispuestos a hacer las cosas. El hacer algo les hace sentir importantes, protagonistas de su historia. No tienen miedo a lo que pasará después (a veces son incluso temerarios), lo hacen y luego cuando ya lo han hecho ven qué ha ocurrido y de esa experiencia aprenden. Pero en todo este proceso, no piensan en los riesgos que supone la acción. En cambio nosotros como entrenadores, intentamos llevar nuestros entrenamientos, ejercicios, partidos, etc. al detalle, sin que se salga de un guión establecido para evitar sorpresas. Asumimos pocos o ningún riesgo. Es cierto que en muchas ocasiones hemos pensado… ¿Y si hubiera cambiado el sistema defensivo? ¿Y si hubiera hecho el cambio de jugadores antes? ¿Y si hubiera motivado más al equipo? Innumerables preguntas que nos invaden cuando no conseguimos lo que queremos y que surgen por no tomar riesgos. Seamos como los niños y arriesguémonos. Después ya tendremos tiempo de valoraciones pero… ¿y si nos sale bien?

http://img.irtve.es/imagenes/jorge-duenas-entrenador-del-equipo-espanol-balonmano-femenino-celebrando-gol/1343744094916.jpg
6. La celebración: Los niños lo celebran todo. Fíjate en estas situaciones, seguro que las has vivido. Vamos a ver una película de dibujos: ¡¡Bieeeen!! Nos vamos al centro comercial: ¡¡Bieeeen!! Hoy comemos espaguetis: ¡¡Bieeeen!! Siempre tienen un motivo para celebrar las cosas que les pasan. Ahora mírate tú como entrenador. ¿Qué celebras? Sí, todos celebramos las victorias de nuestro equipo pero hay muchísimas otras cosas que celebrar y que nos perdemos por pasar desapercibidas. Un buen entrenamiento del equipo, un objetivo cumplido de un jugador, una buena defensa, el que los jugadores hayan aprobado el curso, ganar un juego, conseguir un gol, solucionar el problema de un jugador, ascender un puesto en la clasificación… seguro que si lo pensamos todos los días que estamos con nuestros equipos podríamos celebrar algo. Y no nos referimos a pensarlo sino a expresarlo. Salta, grita, emociónate, abraza, comparte…

…Siéntete como un niño.

domingo, 14 de diciembre de 2014

LAS NECESIDADES DE LOS JUGADORES



http://jmentaltrainning.files.wordpress.com/2011/11/1119821.jpg El objetivo fundamental de muchos clubes y equipos, hoy en día, es obtener buenos resultados deportivos a corto plazo, dejando de lado las necesidades de los jugadores. Estamos equivocados si tratamos a éstos como máquinas a las que podamos encender y apagar a nuestro antojo. Máquinas a las que no damos descanso y cuyas necesidades anulamos por el bien del éxito. Son personas, como tú, y por eso debemos tener en cuenta sus necesidades. Esa puede ser la gran diferencia entre tener jugadores motivados, seguros y fieles o no tenerlos.

Pero debemos tener en cuenta que esas necesidades son singulares, propias de cada jugador y varían. Pretender satisfacer a todos, en todo y con las mismas actuaciones, no sólo es absurdo, sino que es difícil que dure en el tiempo.

Estos son algunos de los elementos que un entrenador no debe olvidar y debe gestionar para cubrir las necesidades de sus jugadores:

- Su desarrollo deportivo: Es importante que progresen a través de etapas de trabajo acordes a su edad, con tareas, actividades y ejercicios que les ayuden a mejorar y aprender. Este es un proceso que requiere su tiempo y esfuerzo, pero, a la vez, se convierte en un estímulo para ellos que les lleva a tener una mayor competitividad.

- La conciliación entre su vida personal y deportiva: Es necesario  hacer compatibles los intereses y obligaciones de los jugadores, haciendo que exista un equilibrio entre sus vidas personales (familia, estudios, amigos…) y deportivas (entrenamientos, partidos, viajes…). Así, podemos mejorar los resultados del equipo y el rendimiento de cada jugador.

Coach Carter- Su relación con el entrenador: Uno de los factores más importantes en un equipo es la relación entrenador – jugador. Una buena relación ayudará a mejorar el ambiente de trabajo, que condicionará el rendimiento del jugador. Para ello es muy importante que los entrenadores escuchen a sus jugadores y hablen con asiduidad con ellos.

- Los refuerzos que recibe: Con el feedback o retroalimentación compartiremos con los jugadores observaciones, correcciones y sugerencias; ayudando pues a mejorar su rendimiento. Como ya decíamos en el punto anterior, es importante hablar con los jugadores y hacerles saber que realizan bien su trabajo y cómo podrían mejorarlo. Así se sentirán valorados por sus entrenadores y por su equipo.

- Sentirse partícipes  e importantes en el equipo: Es necesario que los jugadores se sientan parte del equipo y no una mera pieza. Debemos asignar roles a todos los jugadores para que sepan cual es su papel, decirles que queremos de ellos y trabajar con esto para que mejoren respecto a su rol.

- Motivación y reconocimiento de su trabajo: Si el jugador se siente motivado, satisfecho con su trabajo y se siente reconocido, tendremos ante nosotros un potencial éxito deportivo. Dales motivos para que actúen cada día. Proponles objetivos retadores, que se puedan medir, que se puedan alcanzar; siendo así consciente de sus progresos. Valora su trabajo y muéstraselo.

http://es.web.img3.acsta.net/r_640_600/b_1_d6d6d6/medias/04/75/04/047504_ph2.jpg Según numerosos estudios, los jugadores que sienten que sus necesidades se cubren, poseen una actitud positiva, mayor confianza en sí mismos, contribuyen y colaboran dentro del equipo. Si tenemos en cuenta los factores anteriores, lograremos satisfacer de este modo a nuestros jugadores, creando un entorno agradable, motivador y enérgico para triunfar y destacar deportivamente.

Si además incorporamos el reconocimiento como base de nuestra filosofía de equipo, podemos asegurarnos un clima positivo y productivo. Este reconocimiento que en los equipos profesionales suele ser a nivel económico, se convierte en emocional en los equipos de base. Cuando nos referimos a reconocimientos emocionales, hablamos de todos aquellos premios que el jugador puede obtener con los siguientes objetivos: Incentivar su buen hacer en el trabajo diario; incrementar su productividad; satisfacer sus necesidades personales, familiares o profesionales; etc.

Algunos de los beneficios emocionales con los que podemos premiar a nuestros jugadores podrían ser:
-          Horario flexible por motivos de estudio.
-          Adelantar la salida del entrenamiento del viernes.
-          Día libre por cumpleaños.
-          Espacios de relax.
-          Pequeños detalles o regalos.
-          Invitación a comer.
-          Asistencia a eventos.

sábado, 29 de noviembre de 2014

EL TRATAMIENTO DE LOS JUGADORES CONFLICTIVOS



Según avanzan los tiempos, adquiere más valor lo que los jugadores aportan a los equipos de forma global, no solo a nivel técnico, físico o táctico sino también a nivel emocional, actitudinal y conductual. Con estos tres últimos aspectos, buscamos el valor añadido que aporta cada jugador más allá del aspecto deportivo.

Así mismo, todo el mundo sabe que para llegar al rendimiento máximo, influye mucho el ambiente dentro del equipo. Estar a gusto, con los compañeros y entrenadores, ayudará al jugador a dar lo máximo de él mismo.

En cambio, quizás por falta de tiempo, por desconocimiento o por querer anteponer otros aspectos, muchísimos equipos no prestan atención al ambiente interno que se respira en él. El máximo potencial de los equipo son sus jugadores y el que estén a gusto debería ser prioritario, ya que influye directamente en su rendimiento y motivaciones.

Dentro de este ambiente, muchas veces hablamos de los entrenadores inadecuados que crean problemas; pero también hay muchos jugadores problemáticos o conflictivos que siempre ven o tienen algún problema.
Lo primero que tenemos que hacer es tener en cuenta si es una situación ocasional o nos muestra una actitud negativa en general. Cualquier jugador puede ser en un momento dado conflictivo si discrepa con más vehemencia de la habitual o se siente injustamente tratado ante una decisión o la ausencia de minutos que pensaba merecer. Es por esto que  debemos ser muy prudentes a priori y no prejuzgar a los jugadores sin averiguar qué está pasando realmente y por qué.
 
Muchas veces una buena conversación en la que se aclaren las cosas y se indique lo que está bien y lo que está mal es suficiente para cortar el problema. Pero ¿Y si continua? ¿Y si nos enfrentamos a un verdadero jugador conflictivo?
Ahí es donde debemos actuar con rigor. Si estamos ante un jugador que resulta ser una persona problemática, bien porque es difícil de tratar, o porque  sus formas apabullan a los que le rodean, o porque trabaja mal, o pierde el tiempo y se lo hace perder a los demás, o porque influye negativamente en el equipo, o porque no quiere asumir la filosofía del equipo, debemos tomar decisiones.

A continuación identificamos algunas de las personalidades de este tipo de jugadores y algunas posibles soluciones para contrarrestar su influencia negativa en el equipo:

- El Egocéntrico: siempre trata de sacar provecho de las situaciones para él y se cree el centro del universo. Debemos fomentar las actividades y ejercicios donde sin la ayuda de los demás, él no consiga sus objetivos.
- El Tardón: desconoce el significado de la puntualidad y siempre tiene excusas para los sus retrasos. Podemos acumular su tiempo de tardanza o hacerle quedarse un poco más tarde de su horario de entrenamiento para compensar la llegada, recogiendo el material, arbitrando en la competición escolar o ayudando a equipos de menor categoría.
- El Inmaduro: se quedó en la niñez, siendo poco productivo y no realizando nada por voluntad propia, a no ser que se le de el trabajo hecho. En este caso es necesario observarlo para que descubrir qué le mueve, qué le gusta hacer, que le motiva y desarrollar tareas que le lleven a desarrollar sus aptitudes.
- El Sabelotodo: cree que sabe más que nadie, incluido el entrenador. A este tipo de jugadores hay que dejarles claro desde el principio cual es su rol y éste, no es el de entrenador. Aprovechar que todo se lo toma como un reto para que beneficie al equipo. Si el equipo mejora, él también.
- El frustrado: se queda inmóvil ante la presión y huye de responsabilidades. Importante y necesario preparar un plan de acción para eliminar sus miedos y convertirlos en fortalezas.
- El chismoso: busca distorsionar la reputación de sus compañeros o entrenador. No les preocupa exagerar o mentir. En estos casos debemos atajar los rumores. Córtale en cuanto empiece a hablar mal de alguien. Ten cuidado con lo que le cuentas. Aunque simule lealtad, utilizará la información en su propio beneficio. Si el chismoso tiene problemas con sus compañeros o entrenador, actúa con justicia. Asegúrate que asume su parte de responsabilidad y, si es necesario, toma alguna iniciativa sancionadora.
- El tirano: es arrogante, vanidoso e incluso a veces maleducado. No acepta las críticas y le cuesta cooperar. Suele intimidar a sus compañeros. Sin embargo, también suele ser inteligente, metódico y muy competitivo. No evites las confrontaciones pero éstas deben transcurrir en privado y sin entrar en conflictos personales. Adjudícale tareas difíciles. Enséñale a respetar a los demás. No toleres la falta de educación y respeto hacia los demás miembros del equipo. Si ha formado un “clan”, disuélvelo. 
- El quejica: se queja siempre, nunca nada le viene bien y cuando surge un problema la culpa es de todos menos de él. La escucha alimenta la queja, así que no prestes atención a sus quejas, aunque si debes enfrentarla hazlo siempre desde la objetividad. De igual forma es contagiosa, por lo que debes evitar que encuentre aliados. También podemos responder con más trabajo sobre lo que provoca la queja.

viernes, 14 de noviembre de 2014

CÓMO ENSEÑAR A LOS JUGADORES DE BASE A PENSAR



http://fotoenfoque.larioja.com/img/fotos/deporte-base-junio-8953/prev/P2-3-FD-9847.jpg¿Cómo sería un equipo lleno de jugadores que saben racionalizar sus ideas? ¿Y un equipo repleto de jugadores que sabe pensar? Todas las personas nacemos con la capacidad de pensar aunque después, no siempre ponemos en práctica ese pensamiento que nos hace analizar las situaciones y establecer las consecuencias de las acciones que realizamos a lo largo del día.
Es por esto que, enseñar a pensar a nuestros jugadores, es fundamental desde la base.
Los niños y niñas aprenden y piensan de forma diferente, a lo largo de las diferentes etapas de su vida, debido entre otras cosas a su estructural mental y de su cerebro. Hablando del deporte, pasan de querer ser los primeros en participar en las actividades que propone el entrenador (en las primeras etapas, desde los 6 a los 12 años), a “escaquearse” tratando de que sean otros compañeros los que tomen la iniciativa (de los 12 años en adelante). Es decir, pierden el interés por aprender y sólo se fijan en cumplir con la obligación de no fallar las acciones propuestas en entrenamientos y partidos. Esto puede convertirse en el primer paso para el fracaso individual deportivo y por ende, del equipo. Sin motivación para aprender es difícil obtener buenos resultados.
¿Qué ocurre para que se produzca este cambio? Podemos decir que el sistema de enseñanza – aprendizaje que utilizamos los entrenadores no es el adecuado, matando las ganas de muchos jugadores, y acabando con su capacidad de pensar.
Para comenzar a enseñar a que nuestros jugadores piensen y cambiar esa dinámica de la enseñanza deportiva tradicional, debemos basarnos en un buen sistema de preguntas a través del cual, guiemos a nuestros jugadores a que sean ellos mismos los que den con la respuesta correcta.
http://www.orihueladigital.es/orihuela/deportes/deporte_base_060609_1_2_ok.JPGPodemos verlo con el siguiente ejemplo:
“Tenemos varias opciones de finalización de una jugada ofensiva”, se las mostramos a un jugador y le preguntamos cuál escogería para obtener éxito. Probablemente el jugador elija aquella que más fácil le parezca. Enseñar al jugador a pensar supone hacerle ver que antes de tomar una decisión debe valorar algunas cosas. Debe hacerse preguntas del tipo: ¿me va a ayudar a  mejorar como jugador? ¿Qué solución nos va a hacer crecer más como equipo? ¿Es la acción que aparentemente parece más fácil, la mejor?
Ofrecerle al jugador esa capacidad de decisión y darle las herramientas para que aprenda a tomar decisiones basadas en preguntas que se hacen previamente, nos permitirá enseñarle a tomar decisiones con destreza:
¿Por qué tengo que tomar una decisión y saber cuál es la adecuada? ¿Cuáles son mis opciones? ¿Cuántas opciones puedo escoger? Y ahora una gran pregunta: ¿Cuáles son las consecuencias probables de cada opción? ¿Qué importancia tienen esas consecuencias para mi mejora y la del equipo? ¿Qué opción es la mejor una vez analizadas todas las consecuencias?
http://padresonones.es/userfiles/image/deporte/hockey%20foto%20-%20copia%20(2).jpgDe esta forma, es como se construye que un jugador aprenda a pensar por sí mismo. Enseñémosle este tipo de preguntas. Primero formulándoselas nosotros para que poco a poco sea él el que se las haga a sí mismo y pueda convertirlas en un hábito que se ejecute de forma natural y rápida.
Muchos pueden pensar que esto no es sencillo, que un jugador de base no es capaz de entender este tipo de preguntas, pero esto no es así; sí entienden, sólo es necesario utilizar un lenguaje diferente, sencillo y adaptado a la edad que tengan.

domingo, 12 de octubre de 2014

LA GESTIÓN DE LOS 3 MIEDOS

"No tengas miedo de actuar. Ten miedo a no intentarlo"

Cada fin de semana, en todos los campos y pistas donde se practica deporte, nos encontramos con 3 factores que en muchos casos determinan tanto los resultados como las actuaciones individuales y colectivas. Éstos son la crítica, el rechazo y el fracaso. Es parte de nuestro trabajo enseñar a nuestros jugadores a dominarlos para acercarnos al éxito.

1. LA CRÍTICA
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Pese a que podamos creer que esto de la crítica solo ocurre en el deporte profesional (Véase el caso de Casillas en fútbol o la selección de baloncesto en el último mundial), en el deporte de base es una lacra que casualmente parte, en la mayoría de las ocasiones, desde fuera de la pista o del campo de juego. Todos concocemos frases como: "no lo vas a conseguir", "eres muy malo", "cada día jugáis peor". Las personas nos creemos con el derecho de criticar acciones de juego, comportamientos de jugadores y entrenadores...sin darse cuenta que los únicos perjudicados con ello son los propios jugadores. En estos casos el enfado, la vergüenza o el hundimiento, son algunos de los sentimientos que sufre el jugador.
En la base, donde los jugadores aún no son suficientemente maduros para encajar dicha crítica, debemos trabajar con ellos para anular esas malas sensaciones:
  • Casi siempre, las críticas las profieren personas con baja autoestima y que utilizan éstas para sentirse superiores. Por lo que debemos enseñar a nuestros jugadores a no agachar la cabeza y no responder a las mismas. Si hacemos que el jugador tenga seguridad en que lo que hace es lo correcto, nada ni nadie penetrará en su escudo.
  • No hay que sentirse mal para que otros se sientan mejor. Tenemos que trabajar en hacer un equipo feliz y sonriente. El mayor enemigo de una crítica es una sonrisa. 
  • El jugador debe aceptar que la crítica es parte del juego. Todos tienen derecho a opinar y decir lo que piensan. Este hecho no debe impedir que los jugadores sigan su camino con convicción. Nunca se puede contentar a todos con lo que hacemos.

2. EL RECHAZO
Por lo general, con el rechazo nos referimos al momento en el que una persona es excluida de forma deliberada de una situación, conversación o relación. Existen varios tipos de rechazo, pero en el ámbito deportivo estaríamos hablando de situaciones en las que jugadores se sienten excluidos del equipo y en las que sienten el vacio de los compañeros.
Las emociones relacionadas con el rechazo incluyen: La rabia: "¿Cómo han podido hacerme esto a mi?"; la depresión: "Recuerdo este horrible sentimiento, quizá me convenga no volver a esperar nada nunca más"; el odio: "Lo odio por haberme hecho esto", o bien "Me odio a mi mismo porque siempre me ocurre lo mismo"; el miedo: "¿Qué será de mí ahora?"

Así, de forma automática los jugadores desarrollan estrategias para no sentirse rechazados, ‘escudos emocionales’ que creen que les protegen. Se adaptan a las expectativas que creen que los demás tienen sobre ellos. Es decir, moldean su forma de ser para encajar en los equipos. En otras ocasiones, optan por rechazar a los demás para evitar el potencial rechazo, antes de que tengan ocasión de darles la espalda.
Los jugadores se creen observados y juzgados, pero en realidad, la mayoría de las veces, la única mirada acosadora, proviene de ellos mismos.
¿Cómo trabajamos con nuestros jugadores para evitar ese miedo al rechazo?
  • Ayúdale a que crea en él mismo para evitar que dependa de lo que creen los demás.
  • Ayúdale a que defina su propia imagen. Saber que tiene cualidades buenas y que aportan al equipo, reforzará su ego.
  • La sensación de rechazo será una oportunidad para mejorar esos aspectos en los que no se está seguro.
  • El jugador debe saber disfrutar, tener recompensas, ante una situación superada de posible rechazo. Esto fortalecerá su autoimagen.

3. EL FRACASO
"He fallado más de 9000 tiros en mi carrera. He perdido casi 300 juegos. 26 veces han confiado en mi para tomar el tiro que ganaba el juego y lo he fallado. He fracasado una y otra vez en mi vida y eso es por lo que tengo éxito”.
Esta conocida frase de Michael Jordan, el mejor jugador de baloncesto de todos los tiempos, se puede aplicar para todos los jugadores que han logrado recuperarse de un fracaso, de un plan de entrenamiento saboteado o de cualquier otra desventura.
No todas las metas que planteamos suceden rápidamente, de hecho casi nunca suceden de la forma que las habíamos planeado. Así que cuando trabajamos por un objetivo tenemos que decirle a nuestros jgadores que es mejor olvidarse de las líneas rectas y comenzar a dar por hecho que el camino tendrá, baches, pendientes y curvas cerradas. Estos inconvenientes a la hora de conseguir los objetivos, pueden producir en el jugador ansiedad y más estrés del necesario y conducirle a cometer errores o a tomar decisiones equivocadas que le alejan del objetivo, sintiendo la sensación de fracaso.¿Cómo trabajamos con nuestros jugadores para evitar ese miedo al fracaso?
  • Deben ser conscientes de que no son los únicos responsables a la hora de conseguir lo que quieren. Dependen de unos adversarios, de unas condiciones del terreno o meteorológicas, de sus propios biorritmos, de los árbitros, etc. Lo importante es dar el 100% de uno mismo en cada momento.
  • Deben dinamitar el gran objetivo. Es decir, plantearse pequeñas metas que le acerquen a conseguirlo. Al cumplir muchas submetas, la posibilidad de variar el plan para mejorar y volver al camino del gran objetivo, es más factible.
  • Fallar en el objetivo no es fracasar, sino haber encontrado una forma de no volver a hacerlo así. Por lo que el jugador debe aprender que el fracaso es superarse.
  • Lo importante es ser constante, persistente y resistir los malos resultados porque son parte del camino. De hecho, tenemos que enseñar al jugador que el éxito no es conseguir el objetivo final, sino ir superando los retos que se encontrará en el camino.

sábado, 20 de septiembre de 2014

HÁBITOS PARA MEJORAR TU DÍA A DÍA COMO ENTRENADOR


"La excelencia es una actitud, no un resultado"

http://2.bp.blogspot.com/-hXmLR4fUAP8/UGLaOUqr79I/AAAAAAAADWI/QxSIDHzbE2Q/s1600/Rope.jpg¿Has empezado a entrenar ahora o tienes años de experiencia en las pistas? En cualquiera de los casos, es importante asegurarte que tienes la actitud correcta al encarar tus retos. Cuando diriges a un equipo, una de las cualidades que debes buscar es la excelencia. Si en tu día a día te retas a ti mismo y te pones nuevas metas constantemente, llegarás a ser uno de los mejores.
Esa búsqueda para avanzar y mejorar, lleva implícita la necesidad de cumplir unos hábitos que te guiarán hacia el éxito. Estos son algunos de ellos:

1.  La formación
Ya lo dice el refrán: “si te quedas quieto, avanzarás hacia atrás”. ¿Eres feliz con las aptitudes, técnicas, habilidades y conocimientos que tienes o quieres mejorarlas? Si eliges la primera opción, pronto conocerás la cara del conformismo y sus consecuencias. Si prefieres la segunda opción, entonces eres exactamente el tipo de entrenador que cualquier equipo le gustaría tener. Acude a cursos especializados, aprende nuevas habilidades, estudia a los mejores, pregunta todo lo que no sepas. Cuanto más te formes, más valioso serás para los deportistas que estén a tu cargo.

2. La proactividad
Es la actitud en la que debes asumir el control de tus acciones de forma activa. Seguro que has escuchado alguna vez que hay tres tipos de personas: las que no saben que pasa a su alrededor; las que ven lo que pasa a su alrededor y las que hacen que sucedan cosas a su alrededor. En este tercer grupo estarían los entrenadores proactivos. Y estas son algunas de las características que te definirían:
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  • Debes siempre tomar la iniciativa.
  • No abandones al primer mal resultado.
  • Busca información para actualizar tus conocimientos.
  • Adáptate a las características del entorno que te rodea.
  • Buscar soluciones a los problemas en lugar de esperar a que pase algo.
 
3. La responsabilidad
Ser entrenador te supone tener una posición de liderazgo con los jugadores a los que entrenas. Pero también supone tener una gran responsabilidad sobre los mismos. Debido a esta responsabilidad hay algunas premisas que nunca debes olvidar:
  • Debes animar a tus jugadores a que sean deportivos. 
  • Nunca debes comprometer la seguridad ni la salud de los jugadores. 
  • No olvides que los jugadores son antes personas que deportistas. 
  • Debes saber combinar ser un maestro y un amigo con la disciplina y el respeto necesarios. 
  • Motiva a los jugadores cuando todo vaya bien pero sobre todo cuando los resultados no sean los esperados, realzando sus cualidades y buscando objetivos y logros adecuados a sus capacidades. 
  • Interésate por cómo son tus jugadores fuera de la pista. 
  • Debes ser consecuente con tus decisiones, para bien o para mal. 
  • Da un buen ejemplo a tus jugadores teniendo un comportamiento correcto en todo momento.  
  • Aplica la formación adecuada para cada edad. Si te saltas etapas, el éxito presente puede ser el fracaso futuro.

4. El enfoque
http://www.indebc.gob.mx/inde2012/galeria/var/albums/Olimpiada-Nacional-2012/El%20entrenador%20Mat%C3%ADas%20Vachino%20Estanislao%20dando%20indicaciones%20a%20su%20equipo%20en%20Juvenil%20Mayor%20Femenil.JPG?m=1341338269Tienes que eliminar de tu camino el “ruido” que te impida avanzar. Es decir, tienes que ser capaz de priorizar lo urgente e importante y enfocar tu energía en esas cosas. Muchos entrenadores tienden a preferir cosas que son “útiles”  a corto plazo, en lugar de las que podrían ayudar al equipo a medio y largo plazo. Otra ventaja de hacer esto es que la calidad es mayor. Si tienes diez cosas en mente para hacer, es preferible que tengas mejores resultados en las que son importantes en lugar de que las diez pendientes tengan resultados mediocres.

5. La autorreflexión
A lo largo de tu carrera, debes tener el hábito de evaluar tu desarrollo personal y profesional. En intervalos regulares analiza lo que has hecho y lo que necesitas para cambiar o mejorar. Aplica la autocrítica y la reflexión para que vayas aprendiendo en cada paso del camino.

miércoles, 6 de agosto de 2014

LA MOTIVACION Y EL COMPROMISO DEL DEPORTISTA



No pensaremos si queremos que un jugador trabaje para nosotros. La pregunta es si él querrá hacerlo con nosotros”.

Promover un estilo de vida en el que las personas practiquen alguna actividad física, no sólo en la niñez o el la juventud sino a lo largo de todo su vida, es fundamental. En la niñez existe la educación física de los colegios, que sienta unas bases fundamentales de hábitos y prácticas saludables. En la adolescencia podemos encontrar en los clubes y asociaciones deportivas, la actividad física que queramos de forma más específica. Ya a estas edades se pierde, por desgracia, gran parte de los potenciales practicantes. A partir de aquí, nos encontramos con muchos casos donde las prácticas esporádicas brillan por su presencia. Escuchamos muchos propósitos, aquello de… “voy a apuntarme al gimnasio” o “voy a salir a correr todos los días”; sobre todo en Enero y en verano. 
En el primer caso de la niñez, esta educación a través del movimiento es obligatoria, encontrándose enmarcada en los contenidos del área de educación física que marca la LOMCE (recientemente aprobada). En el segundo, aunque también existe la asignatura de educación física en el instituto, la decisión de participar en un club deportivo es opcional; al igual que en el tercer caso.
Es esta característica, la opción, la que nos va a llevar a hablar del compromiso. Puede ser individual (apuntarse al gimnasio, salir a correr, deportes individuales) o grupal (deportes de equipo). Sin compromiso no habrá resultados, por lo que se antoja que es un valor esencial en la práctica deportiva.
Así, podemos hablar de “motivación” como elemento que puede contribuir a desarrollar el compromiso deportivo del deportista. Basándonos en Boixadós (2004) existirían tres tipos de motivación:

- Motivación orientada al ego, donde lo que quiere el deportista es ser mejor que los demás.
- Motivación orientada a la tarea, donde lo que quiere el deportista es una mejora personal.
- Motivación orientada al ambiente creado por familiares, árbitros, amigos, organizadores, etc. y que suele tener mucha relación con la orientada al ego (comparaciones con otros equipos o deportistas), más que hacia la tarea (valorar el aprendizaje personal).

Una vez que hemos introducido la motivación, pasaríamos a hablar de “compromiso”. El compromiso de un deportista sería la disposición psicológica de éste a través de la cual decide y quiere seguir practicando ese deporte. Además, dicho compromiso estará determinado por el grado de motivación que obtenga de la participación en el mismo.

Diversos estudios exponen que la motivación del deportista hacia la tarea y que el entrenador prime un clima en este mismo sentido, promueven la satisfacción por la práctica deportiva, es decir, fomentan el compromiso. A partir de aquí, no pensaremos si queremos que un jugador trabaje para nosotros. La pregunta es si él querrá hacerlo con nosotros. Por lo tanto, para que esto ocurra, debemos trabajar y potenciar aquellas acciones que contribuyan  al compromiso deportivo, al tiempo que nos ayudamos de las familias, especialmente los padres y las madres.
Algunas de las acciones que, desde nuestro puesto de entrenadores, podemos realizar son:

- Ayudar a que los deportistas se marquen objetivos personales y la elaboración del plan de acción para llegar a ellos.
- Realizar hojas de registro individuales donde el deportista pueda ver y por lo tanto ser consciente, de su progreso personal. Si se va cumpliendo el plan de acción tal y como lo habíamos planificado.
- A la hora de darle feedback, utilizar la “técnica del sándwich” donde en primer lugar expresaremos algo positivo de la acción realizada, después le informaremos sobre como puede mejorar el error cometido y por último volvemos a reforzarle positivamente.
- Utilizar a un compañero para que evalúe sus progresos. Sentirse valorado por el grupo es fundamental para estar motivado y comprometido.
- Plantear acciones variadas, abiertas o cerradas, no repetitivas, donde los retos de superación personales estén presentes.
-   Los objetivos de nuestras acciones estarán orientadas hacia la tarea y no hacia el ego.
- Utilizar ejercicios y juegos cooperativos, alternados con ejercicios y juegos competitivos. Lo primeros fomentarán la cohesión del grupo que nos ayudará posteriormente en la competición contra rivales.
- Implicar a los deportistas en algunas de las decisiones de los entrenamientos. Esto le hará sentirse parte de algo, parte del equipo.
- Posibilitar oportunidades y tiempo para el progreso de todos los deportistas. Algunos tardarán más y otros menos en lograr sus objetivos personales pero todos deben conseguirlo.

Para concluir, decir que estas estrategias deben ser flexibles y adaptativas a los diferentes tipos de grupos, situaciones o entrenadores. En cualquier caso, éstas u otras estrategias fomentarán un adecuado clima de trabajo, repercutiendo en un mejor rendimiento y mayor satisfacción con la práctica deportiva de cada deportista.

Por otro lado, comentar que estas acciones tienen más influencia en deportistas que se encuentran en etapas de formación (desde benjamín hasta cadete) pues son más moldeables. Con jugadores de categorías superiores a éstas, debemos modificar algunas estrategias, pues la competición tienen un valor añadido para ellos y, cuando buscamos cierto rendimiento (no solamente formar), se hace necesaria la existencia conjunta de orientación a la tarea y al ego (predominando siempre la orientación a la tarea). De esta forma, conseguiremos que el deportista tenga una alta implicación hacia la tarea en los entrenamientos, con los beneficios que ello conlleva, y que en la competición tenga una alta implicación tanto al ego como a la tarea, deseando por tanto ser mejor que los demás y ser mejor que uno mismo.